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Cómo apoyar el proceso de adaptación al colegio

Por: Gisela Toro López, directora de Escuela Primaria

Con el inicio del nuevo año escolar, llega a nuestro colegio la nueva generación que inicia su proceso de formación. Pequeñas de 4 años que traen consigo grandes expectativas, sueños y, por supuesto, miedo frente a lo desconocido. Nuevos espacios, personas nuevas, nuevas y diversas formas de socialización y todo aquello que implica el reto del colegio grande.

Es por esto que los adultos que estamos alrededor de estas pequeñas tenemos una gran responsabilidad en propiciar y acompañar de la manera más asertiva su proceso de adaptación al colegio. Para esto nuestras actitudes tienen un gran peso en el desarrollo de respuestas adaptativas positivas, las cuales van a determinar comportamientos y van a dar lugar a una u otra forma de ser. Es muy importante prestar atención a nuestras actitudes y ser conscientes de ellas, ya que pueden tener importantes consecuencias en el desarrollo de procesos de adaptación sanos y a futuro determinar la forma de ser de cada niña.
Nuestras actitudes determinan formas específicas de ser en los niños. Revisemos algunos ejemplos de estas actitudes y lo que ellas generan en nuestras pequeñas:
 
ACTITUD DE LOS ADULTOS CÓMO ES LA NIÑA
Usar el grito como herramienta para educar, gritar demasiado de manera impulsiva.  
Desconfiada y con tendencia a mentir. El      grito impulsivo y sin razón hace al niño desconfiado.
No prestar atención porque tenemos otras cosas más importantes de las que
ocuparnos.
 
Se observará dependiente y con tendencia a las rabietas. Cuando no se recibe atención los niños dependen de estas rabietas y reclamarán atención a través de ellas.
 
Sobreproteger y no dejar hacer las cosas por sí misma.
 
Tímida, indecisa y con poca confianza en sí misma.
 
Comparar con los demás, juzgar y etiquetar.
 
Celosa, insegura y con baja autoestima.
 
No permitir opinar, escoger, decidir sus propias cosas.
Insegura, indecisa, con poca confianza, incapaz de tomar decisiones.
   
Regañar y llamar la atención en público. Además de ser una acción que lesiona y hace daño, desarrolla una tendencia a no saber defenderse.
 
No tener en cuenta sus sentimientos.
Pensar que son cosas de niñas sin importancia.
 
Por lo general no respeta a nadie. Sus sentimientos no son respetados y aprende a no respetar.
 
Regañar demasiado y en exceso por todo.
 
Genera tendencia a mentir. Esto con el afán de no defraudar y evitar el regaño.
 
Estos son algunos ejemplos de actitudes que usamos frecuentemente en nuestra interacción con los niños -de manera inconsciente usualmente - pero que poco a poco van modelando la forma de ser que ellos asumirán frente a los nuevos retos, a las situaciones de conflicto social o intelectual y en general frente a la vida.

Es nuestra responsabilidad mostrarles, a través de comportamientos reales, cuánto confiamos en ellas, en sus capacidades, en el diálogo como forma de resolver toda situación por más retadora y exigente que sea, en los beneficios de las rutinas y los hábitos con un sentido formativo y en el trato siempre respetuoso entre todos.

Por supuesto, esto se verá reflejado en la confianza que vean extendida hacia el colegio y sus maestros; esto generará en las niñas una percepción de seguridad, de bienestar, “si papá y mamá confían en este colegio es porque es bueno para mí”; ésta será una afirmación poderosa que se instalará en el imaginario de nuestras pequeñas y en consecuencia su adaptación al nuevo espacio escolar será gratificante, motivador y tranquilo.
 
 
 

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